lunes, 29 de octubre de 2007

Ladridos (parte III)

Era de noche. Dormían, juntos. El ventilador producía el zumbido suficiente para amortiguar mis pasos. Jadeando, me acerqué al borde de la cama, junto a ella. Fue sólo un martillazo, sobre su cabeza. El movimiento brusco y un breve gemido lo despertaron. Me observó desde la penumbra, mientras se escondía bajo el brazo todavía tibio de su madre muerta. “Cerrá los ojos, dormí, Nico”, le dije y lo asfixié con la almohada que tenía más a mano. (Continuará...)

jueves, 25 de octubre de 2007

Ladridos (parte II)

Cuatro años bastaron para que ella cambiara. Ya casi no me hablaba. Toda su vida era para Nicolás, mientras que la mía era, con suerte, un estorbo. La poca atención que lograba era para despacharme todo tipo de reproches: que el cigarrillo los intoxicaba, que no le alcanzaba la plata, que me buscara un mejor laburo, que no era un ejemplo para Nicolás... Luego vinieron los insultos, la humillación, las amenazas y, por último, los golpes.
Aquella vez había viajado a Chascomús por trabajo, no pude estar con ellos. Nicolás tuvo fiebre toda la noche. El médico había diagnosticado neumonía; pero sólo tenía que descansar y tomar su remedio. La changa era, de verdad, muy buena, así que volví con regalos para todos y una botella de vino tinto para celebrar. “¡Porquería!, ¡Dejás a tu hijo enfermo!”, Norma salió de la casa a los gritos, mientras que yo estacionaba el auto. Quiso darme un puñetazo, la esquivé, forcejeamos y la botella estalló en el suelo. Quedé solo, recogiendo los pedazos de vidrio, ante la curiosidad de los vecinos. Una mancha roja se esparció por la vereda. (Continuará...)